QUEDA DE GIGANTES PDF GRATIS

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Queda De Gigantes Pdf Gratis

Author:JOLANDA PAWLITSCHEK
Language:English, Portuguese, Japanese
Country:South Sudan
Genre:Biography
Pages:530
Published (Last):08.12.2015
ISBN:653-9-37265-105-2
ePub File Size:18.43 MB
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Distribution:Free* [*Sign up for free]
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De nuevo, hablamos de gente de la calle como usted y yo, no de los gigantes de la filosofía y ataduras «en las cuales uno se queda enredado, sin escape». varios gigantes bloques restos de una gran ruina semejaban, mientras otro y queda a buen librar descostillado, yo me reiré muy bien, importa un pito. DE POSITOS. AQUI. ;BUEH.;QUEDA WECHO. EL DEPOSITO QUE MARCA. LA LEY ! -. -. Page 5. a Julián J.,. Miguel Brasco,. Alicia y U-Thant.

Y una vez que las ideas se alumbran necesitan el ambiente adecuado para crecer, desarrollarse y generar resultados. No te cierres a lo nuevo. No te conformes con los logros del pasado.

Tenemos que anticiparnos al futuro; de lo contrario el riesgo es quedar fuera del sistema. Tengamos presente que, dada la velocidad con que se producen hoy los cambios, tenemos que implementar la idea antes de que sea vieja, de que ya no sirva. Propongamos ideas innovadoras que producen resultados. La autoestima es la manera en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos. Eres la primera persona que puede ocasionarte problemas.

Eso se llama potencial. Y para que ese potencial se transforme en hechos, nuestra autoestima debe estar sana. La autoestima sana es un sentimiento de orgullo por lo que cada uno es. Es la habilidad de sentirse digno de ser amado y de sentirse capaz.

No confundas la parte con el todo. Nadie es bueno en todo. Ni malo en todo. No confundas popularidad con felicidad. Pero ser popular no garantiza ser feliz. La felicidad radica en agradarte a ti mismo. Eres la primera persona a quien tienes que impresionar. No necesitas renunciar a tu singularidad, a ser lo que eres. Son el ideal social.

Tal vez el hijo se licencie en Derecho y llegue a ser juez. Pero no su ideal personal. Sepamos que nuestras debilidades se convierten en nuestras fortalezas si no las escondemos, si no nos avergonzamos de ellas.

Cuando podemos reconocer nuestras debilidades somos fuertes. Y decidimos vencer nuestros miedos para avanzar.

Esa es nuestra fortaleza. Por ejemplo, es razonable que un soldado en una trinchera sienta miedo. O sucumbir al terror y huir a la retaguardia. La gente exitosa no teme ser vulnerable. Sabe pedir y sabe dar. Las personas con baja estima, las mediocres e inseguras, no solo no piden consejo, 11 sino que no piden ayuda, no piden nada. Intentan mostrarse invulnerables.

Una forma en la que se manifiesta la baja estima es la paranoia. Es una manera de funcionar, o de vivir, en estado de hipervigilancia de todos y de todo. Es, en definitiva, una manera de aprender.

No se trata de que los padres ignoren los errores que cometen sus hijos. Ante todo, ten presente que: Lo que piensas de ti mismo es un asunto tuyo. No concedas autoridad a esa persona para que te saque de tus casillas, que no te haga perder la cama. No le des valor a esas palabras. No intentes demostrar nada a nadie, que por ganar una batalla no pierdas una guerra. Por ejemplo, es posible que te preocupen los comentarios hostiles en las redes sociales.

Pero ten en cuenta que una persona que no te quiere sencillamente te va a ignorar. No se conecta por afecto, para decirte algo agradable.

Por eso, no reacciones. No concedas un valor afectivo a lo que dicen. No lo tomes como algo personal. Todos necesitamos una madriguera donde poder conectar con gente sana que nos bendiga y sume a nuestra vida. Es fundamental que desarrolles una faceta: la actitud.

Es la manera de reaccionar ante las cosas que nos pasan. Ante un mismo problema, la actitud de una persona puede ser deprimirse, paralizarse, mientras que otra puede enfrentarse a ello y avanzar. Aunque debas encararte a la adversidad, una buena actitud puede vencerla.

Ese 90 por ciento es la actitud. Va contigo a todas partes. Y la gente lo percibe. Por supuesto, se nos recibe como esperamos. Trata bien a toda la gente. La gente suele decir que tiene mil y un problemas, pero en realidad tiene uno solo: la mala actitud. Es lo primero que has de cambiar. Al contrario, adopta las actitudes que modelen la calidad de tus relaciones. La gente con una actitud positiva atrae a quien puede aportar algo a su vida.

No permitas que tus pensamientos te bloqueen. No cambies de idea, no te desalientes. Pero supieron despertar a tiempo, simplificar sus objetivos, renovarse, estudiar, estar abiertas al cambio de ideas y planes.

Trabaja mucho pero obtiene pocos resultados. No escuches a los que te digan que es imposible. Recuerda que: Hay personas que hacen las cosas.

DE LA IGLESIA CLANDESTINA A LA IGLESIA INFIEL

No esperes el momento adecuado, empieza ya. No te distraigas. No permitas que tus emociones te gobiernen. Aprende a gobernar tu mente y a crecer. La persona inteligente sabe que no es infalible. Para que tu esfuerzo alcance su fruto es preciso que pienses con mentalidad de conquista, valorando lo que tienes.

Distingue lo superfluo de lo importante. Y si 17 descubres que te falta algo, no te lamentes. Trabaja con inteligencia.

No trates de ser el mejor en todo, sino de sobresalir en lo que mejor haces. Para alcanzar tu meta no es necesario que seas perfecto. Asigna un bloque de 30 o 60 minutos a cada tarea. Ser impuntual o faltar sin aviso a las citas de trabajo. Dejar pasar el tiempo en lugar de actuar en el momento. Empezar y no completar ninguna tarea, dejarlo todo sin terminar. No es necesario que seas perfecto. Todo avanza, todo se perfecciona a gran velocidad. Y por eso, lo mismo tiene que suceder con nosotros.

No puedes estancarte, quedarte a mitad de camino. Hoy el cambio es tan veloz y tan imprevisible que el conocimiento — que, por supuesto, sigue siendo primordial— no basta. Mucha gente se resiste al cambio, prefiere quedarse en lo seguro, en el campo de lo que ya conoce. Y por eso se oponen. Pero el cambio es permanente e inevitable. No se trata solo de aceptar los cambios, sino de adelantarse a ellos.

Aunque no lo creas, es el momento de innovar. No tengas miedo a perder, recrea tus ideas y no permitas que otro se adelante a concretarlas. Sabe reconocer el momento en que algo pasa a ser obsoleto y proponer la novedad. Frente al cambio, no tengas miedo.

La respuesta es sencilla y compleja a la vez: las personas. Las personas son las encargadas de transformar los cambios planteados en acciones concretas.

Se necesita gente innovadora, abierta al cambio permanente, para obtener los resultados esperados. Prefieren no asumir riesgos y seguir en la zona de confort en la que se encuentran. Esto significa que hemos de cambiar cuando estemos a tiempo de hacerlo.

El cambio tiene que establecerse primero en tu mente. Para obtener los resultados esperados en cualquier proyecto se necesita gente innovadora, abierta al cambio permanente. En ese momento las vendas que te cegaban cayeron de tus ojos. Un estudiante muy destacado fue a visitar a su maestro.

Es necesario vaciarla para llenarla otra vez. La experiencia tiene gran valor, por eso es preciso que reconozcas la importancia de lo que hayas logrado hasta el momento. Renueva tu mente, vive en permanente estado de aprendizaje y crecimiento. Si una persona no se renueva, si no suma lo nuevo a su manera de pensar, de trabajar y de vivir, se estanca. Adormecer nuestra mente significa anular nuestros proyectos, nuestras metas.

Nuestras palabras dirigen nuestro mundo. Hay palabras de perdedor y palabras de ganador. Hay palabras que abren puertas y palabras que nos las cierran.

Por eso es necesario aprender a hablar positivamente, con poder. Es decir, una persona poco inteligente puede pasar desapercibida hasta que habla, pues en ese momento queda desenmascarada. En su libro analiza todas las palabras que aparecen en la Biblia, en el Antiguo Testamento. Hay preguntas que tienen un poder extraordinario. Tiene un enorme poder. Las personas se frustran, se enfadan por no entender. A todos nos gusta que mencionen nuestro nombre. Hacernos sentir invisibles es lo peor que nos puede pasar.

Recordemos que lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia. Podemos tolerar ese tono demandante, pero no nos gusta. Y el resultado es que a menudo no hacemos lo que nos exigen. Son palabras que cierran puertas. No necesitamos descalificar al otro para validarnos a nosotros mismos. El poder del habla es extraordinario. Veamos algunos aspectos que debemos tener en cuenta para transmitir un mensaje claro y eficaz: 1.

Nada de superficiales diagnsticos o de fenomenolgicas perspectivas. Mucho menos ese cobarde y pedante anonimato tras el que se esconden hoy ciertos adalides informticos de las recriminaciones a la crisis eclesial.

Dio la cara, la voz y el nombre para atestiguar que la Verdad es una sola y que, ocupen los cargos que ocuparen, quienes la niegan, tergiversan u ofenden, merecen el nico e inamovible mote de herejes.

Desde este prtico a su propio libro hasta su martirio, Carlos Alberto Sacheri sigui declarando que la finalidad de sus denuncias no era otra que la de prestar un servicio a esa venerable Verdad, procurando acabar con la horrenda confusin que escandaliza a tantos fieles, y "reafirmar la unidad de Fe y de Caridad en la Iglesia argentina".

Como todo lo que hizo en su vida, este testigo privilegiado de la Cruz, lo hizo pensando tambin en su patria terrena. Tras las huellas de tan noble paradigma, que ratific con su sangre cuanto proclamaba desde los tejados, siempre nos ser legtimo y recomendable a los catlicos argentinos, tratar de obrar del modo como l obr, salvando -lo sabemos- las insalvables distancias.

Siempre ser legtimo, reiteramos, sealar por amor a Jesucristo, a los responsables del insidioso asedio, a los nuevos verdugos de Su pasin, a los salteadores reptantes de la Barca, a los arteros agresores de la Esposa, tanto ms peligrosos si han alcanzado la condicin de Pastores. En Espaa, hacia el ao , bajo el sello editorial de Fuerza Nueva, lo tuvo que hacer otro caballero sin miedo y sin tacha, dedicando un libro entero a responder cada una de las barrabasadas del Cardenal Vicente Enrique y Tarancn.

Tambin l principia su libro con una aclaracin imprescindible: "Es extremadamente doloroso ocuparse de lo que [ha dicho y hecho] alguien al que, por razn de su ministerio, conviene la alta calificacin de "maestro". Pero cuando el maestro, no obstante su dignidad y si responsabilidad como docente, ha sembrado el confusionismo ideolgico y el relativismo moral [ Sabedor de los efectos que su reaccin habra de provocar, mas incentivado por sobrenaturales motivos, declar para su consuelo y el nuestro, que emprendera la denuncia teniendo como divisa lo que enseara San Gregorio Magno en sus Homilas sobre los Evangelios: "Es una ganancia sufrir desprecios por amor a la Verdad".

Sin mengua de los innmeros y calificados testigos de la tradicin nos ofrece en tan delicada materias estos modelos contemporneos de catlica y legtima reaccin a la hereja y a los heresiarcas, queremos encolumnarnos.

Porque prximos a nosotros, nos dan la prueba de que la lucidez y el coraje, an hoy son posibles. Pero a pesar de la diafanidad del propsito, un par de clarificaciones se imponen.

La primera es que los males que estamos desenmascarando -el de los pastores devenidos en lobos, el de los religiosos convertidos en mercenarios, el de la abominacin de la desolacin, y el de la Casa de Dios demudada en madriguera- estn previstos y enunciados explcitamente en las Sagradas Escrituras, y advertidos de modo especfico por Jesucristo.

Asombrarse es desconocer la trama de la Revelacin.

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Cerrar los ojos es ocultar el sentido parusaco de los tiempos. Callar es flojedad de nimo y fuga del compromiso militante. Pero acusar de desubicado o de soberbio al simple fiel que se atreve a llamar a los inicuos por sus nombres y sus fechoras es, redondamente, un acto de pura ruindad. Ese fiel no est haciendo otra cosa ms que cumplir con su deber, exponindose para ello a padecer de los estultos, de los ciegos y de los pusilnimes, ese desprecio al que aludamos antes con el apotegma de San Gregorio.

Hemos aprendido con el Cardenal Newman que, a los simples fieles, precisamente en razn de su nombre -que de fidelitas proviene- les corresponde una ineludible obligacin, y tanto ms en tiempos de desventuras: "si saben de qu hablan, que hablen". El mutismo -cuando la conculcacin de la Verdad est en juego- es complicidad con el pecado, si no pecado mismo de omisin. El gran converso ingls, aludiendo expresamente y a modo de ejemplo, al papel desempeado por los laicos en la batalla contra el arrianismo, mientras la Jerarqua claudicaba, no trepid en llamar heroica a esa conducta laical aguerrida y lcida.

Porque si hay un lamento constante que recorre la Biblia es el comportamiento del Pastor desleal y feln. Y si hay un encomio que igualmente la traspasa, es para el varn justo que puede blasonar sin destemplanza: "Mi boca dice la Verdad, pues aborrezco los labios impos" Prov. Le debemos a Don Marcelino Menndez y Pelayo un vivido relato histrico que ayudar a comprender ms concretamente estos conceptos, acaso algo distantes para algunos.

Sucedi en pleno siglo XVI, cuando el cannigo Constantino Ponce de la Fuente, entonces designado Predicador de Carlos V, incurri pblicamente en enseanzas contrarias a la Fe y en no pocas inconductas. Todo un personaje encumbrado, el hombre. Caus gran extraeza esta frase, e hizo reparar a muchos, por ser de persona tan respetada en Sevilla. Y como por el mismo tiempo hubiera venido a Sevilla San Francisco de Borja, y repetido al or otro sermn de Constantino, aquel verso de Virgilio: 'Aut aliquis latet error: equo ne credite, Teucr', perdieron algunos el miedo y arrojronse a decir en pblico que Constantino era hereje".

Por si hiciera falta glosar texto tan transparente y edificante, digamos que el ejemplo de Don Pedro Mega es el que debe guiarnos en todo momento y lugar. Porque ese es otro de los rodeos que suelen utilizar los impugnadores de quienes nos hemos impuesto la carga de incriminar a la jerarqua traidora: aceptar que en pasados tiempos as lo hicieron los santos, y que no caben reproches para ellos; pero que al no ser santos al presente carecemos de autoridad para hablar.

Cmo si quienes hablaron en su momento -demandando, inculpando e imprecando- lo hubieran hecho en tanto estatuas beatas colocadas sobre un ara, con fecha en el Santoral para su veneracin pblica! Cmo si Catalina o Atanasio, o Sofronio o Norberto hubieran salido a pelear contra las autoridades eclesisticas desviadas, no desde sus respectivas vidas cotidianas, sino escapados de la hagiografa de algn devocionario sulpiciano!

Cmo si el camino de santidad que ellos recorrieron, no hubiera estado empedrado por la fortaleza con que tuvieron que lidiar contra los prfidos! Y cmo si, en el peor de los casos, nuestra inexistente santidad demostrara, cual silogismo inexorable que, entonces, lo que decimos es mendaz.

San Pablo se consideraba un aborto, pero estando en juego la integridad de la Fe, dice de la mxima jerarqua con la que tuvo que lidiar: "Le resist cara a cara, porque mereca represin" Gal. Ventas, a cuoqumque dicitur, a Deo est. Tanto cuesta recordarlo? Digamos, al fin, para coronar esta primera aclaracin, que fue el mismo Mons. Bergoglio, en carta particular que nos remitiera el 14 de octubre de , el que nos proporcion un slido argumento para animarnos a esta reaccin contra los pastores embusteros.

Expresa la misiva en su ms saliente fragmento: "San Cesreo de Arles deca que los fieles tienen que ser -para con el obispo- lo que el ternero a la vaca: as como el ternero le hociquea la ubre para que descienda la leche, as los fieles deben golpear, hociquear, al obispo para que les d la leche de la divina sabidura. Tena razn el santo obispo. Y a mi humilde entender, la mejor ayuda que un obispo puede tener de sus fieles es que no lo dejen tranquilo". San Cesreo, magnfico monje del siglo V, lleg a ser Obispo de su ciudad, sin olvidar ni abandonar sus elevadas reglas monsticas.

Y cuando le toc defender su ciudad natal, asediada por los francos, no le tembl el pulso para desbaratar las maniobras arteras de de los judos, dispuestos a cooperar con el poderoso invasor. Sirvi, pues, a Dios y a la Patria. Est clarsimo entonces -y bsquese el ejemplo que mayor convengaque la obligacin de hablar a tiempo y a destiempo es obrar virtuoso.

Porque la obediencia est al servicio de la Fe, y nadie puede acatar sin protestas a una autoridad eclesistica cuya defeccin de la ortodoxia se ha vuelto evidente e injuriante. El Padre Castellani, con el inefable gracejo que lo distingua, lo explic en dos trazos con su ancdota sobre el Padre Cobos, inserta en su libro San Agustn y Nosotros. Porque explicaba las virtudes de San Agustn, su castidad, su pobreza, su valenta, su sabidura, su espritu de trabajo; y despus de cada prrafo se volva hacia el trono donde estaba encapotado y con su gran mitra y bculo el Obispo, y deca: Aqullos s que eran Obispos, Excelentsimo Seor, aqullos s que eran Obispos.

Lo hicieron bajar; pero en Espaa todava hoy, para referirse a una indirecta que es demasiado directa se la llama una indirecta del Padre Cobos". No tenemos miedo a que nos hagan bajar. No tememos tampoco la vacua acusacin de rebelda.

Fotos del virus del sarampión y de personas con sarampión

Pero s nos atemoriza perder el cielo por la flojera de no pronunciar el ineludible "s, s; no, no". Ocurre que as como estn los que critican a los testigos cuando se atreven a desmistificar a los falsarios, estn tambin los maximalistas, los que piden siempre dar un paso ms extremo, acusando concretamente al Papa de estos malos operarios; sea de prohijarlos, de no castigarlos a tiempo, o de no apartarlos del cuidado de la grey.

Segn algunos de ellos, mientras no se declare que la Sede est vacante, o que el Concilio Vaticano II en bloque debe ser arrojado al fuego, toda protesta nuestra es incoherente e incompleta. No creemos contarnos entre los defensores de la llamada "Iglesia Conciliar", de cuyos graves perjuicios y funestsimos corolarios hemos podido dar razones abundantes en nuestro mdico ejercicio de la docencia durante las ltimas tres dcadas.

Por si no hubiera otro ejemplo que citar, la lectura atenta de los cuatro volmenes del Padre Bernardo Monseg, titulados "El Posconcilio", editados en Madrid a partir del ao , por la Editorial Roca Viva, nos han servido de fundado antdoto para carecer de cualquier optimismo sobre los pregonados frutos del Vaticano II.

No; decididamente, no nos parecen frutos benficos, ni salvficos ni regeneradores. Tampoco nos alinearamos entre los apologistas sin matices de los textos del Concilio, pues bien nos consta que en algunos de ellos, como Nostra Aetate o Dignitatis humanae, estn presentes -de mnima- la riesgosa anfibologa, y de mxima, la confusin doctrinal lisa y llana.

Ni la luz invicta de Nicea, ni la univocidad indestructible del Syllbus, ni el xtasis de Efeso, ni la reciedumbre de Trento, informaron las pginas pastorales de los documentos del Vaticano II. Pero no podra decirse que, necesariamente, todo mal obispo es un fruto del Concilio Vaticano II; hasta debera sostenerse con ecuanimidad que si se leen atentamente las pginas del capitulo III de la Lumen Gentium sobre la Constitucin Jerrquica de la Iglesia, no es aqu donde podrn justificar sus tropelas los mercenarios.

Antes bien las encontrarn reprobadas en la lnea de la tradicin de- la Iglesia. Porque algn da habr que decir tambin todo lo que el Concilio Vaticano II refrend de la Iglesia de Siempre, y fue dejado de lado insensata y aviesamente, con culpas graves para quienes as lo permitieron. Tampoco creemos contarnos entre aquellos que San Francisco de Sales llamara "los cortesanos del Papa", o simplemente ridculos paplatras. Cuando cremos necesario hacer or nuestra filial perplejidad y doliente estupor, ante enseanzas o actitudes de los ltimos pontfices, lo hicimos.

El Seor sabe con qu dolor con qu responsabilidad y con qu respeto. Pero lo hicimos. La silla petrina, lo sabemos, no est libre de culpas. Mientras escribimos estas lneas, por ejemplo, ha visto la luz en Espaa, bajo el sello editorial Ojeda, un libro colectivo titulado "El obispo Williamson y el otro negacionismo".

Contiene dos captulos de nuestra autora en los que objetamos la explcita y nefasta judaizacin a la que se ha llegado en Roma, refrendada y alentada lamentablemente por el mismo Santo Padre actualmente reinante. Esto es desproporcionada papolatra, cortesanismo pontificio y temeridad de juicio.

Con nada de esto nos sentimos identificados. Como bien dice Federico Mihura Seeber en el captulo V de su De Prophetia, -publicado por Gladius en si para algo sirve el dogma de la infalibilidad pontificia, es para saber, precisamente, cundo y cmo debemos obedecer al Papa; y no para concluir en que deben ser idolatrados todos sus dichos. Mas cabe aqu la misma reflexin que en el acpite anterior.

Si se lee la Exhortacin Apostlica Pastores gregis, de Juan Pablo II, fechada el 16 de octubre de , o la Induite Dominum lesum Christum, de , o la Instruccin Donum Veritatis, de la Sagrada Congregacin para la Doctrina de la Fe, de , no se puede decir, sin pecar gravemente contra la justicia, que el modelo de obispo que el Santo Padre propiciara guarda alguna relacin con el Cardenal Bergoglio.

Por el contrario, en esos bellos textos pontificios, todos cuantos como Bergoglio actan -y son tantos! Del mismo modo, hemos ledo con profundo gozo, el libro de Benedicto XVI, Los Padres de la Iglesia, que contiene las catequesis de los das mircoles del , pronunciadas en Roma por el Vicario de Cristo.

Los arquetipos de pastores que aqu propone el Papa, los paradigmas de jerarquas eclesiales, los dechados de obispos, son hombres singulares y magnficos, antagonistas de esta clereca inaudita que hoy padecemos y denunciamos con fuerza.

Qu nuevo y confortador regalo nos vuelve a hacer la Patrologa, a travs de Benedicto XVI y sus oportunas exgesis de aquellos inigualables Padres! Tiene lgica, lo admitimos, quejarse de la debilidad de gobierno de uno o ms pontificados por no segregar a los lobos y hasta por nominal los en sus respectivos cargos. Tiene lgica, por cierto elevar quejas y reproches filiales hacia el Papa, por no obrar en consecuencia con la recta doctrina propiciada, castigando a los desertores con enrgicas medidas.

Y tambin logicidad posee, quien aplique al caso que nos ocupa la proverbial consigna de Ovidio: Video rneliora proboque, deteriora sequor. El Papa ve el bien que debe encarnar un obispo, por qu lo tolera, mantiene, encumbra o guarda impune su cargo si ese obispo se manifiesta como conjuncin de males y de yerros?

La lenidad nunca es atributo que beneficie a la Autoridad. Mucho menos a la autoridad del Papa. Pero a la hora de evaluar la responsabilidad de Roma en el mantenimiento de estos clrigos descarnados, no debe omitirse que, por encima de las supuestas o reales fragilidades de quien los unge, est la traicin de los ungidos, que tampoco guarda necesaria correspondencia con la responsabilidad del Santo Padre.

Al mismo Paulo VI le escuchamos decir, el 28 de enero de , que exista "la traicin del clero" y que "los traidores se sentaban a su mesa". Es el eterno drama del que nos habla la Primera Carta de San Juan 2, : "Ellos salieron de entre nosotros mismos, aunque realmente no eran de los nuestros. Si hubieran sido de los nuestros se habran quedado con nosotros.

Al salir ellos, vimos claramente que no todos los que estn dentro de nosotros son de los nuestros". Esos "ellos" aludidos, son llamados "anticristos" en el mismo texto. Acaso convenga aplicar aqu los versos de Sor Juana para descifrar el entuerto: "Y quin es ms de culpar, aunque cualquiera mal haga? La solucin, al menos en teora, parece sencilla. El Santo Padre no debera ni nombrar ni conservar en sus cargos episcopales a reconocidos malaventurados.

Debera castigarlos con todo el peso de su bculo y segregarlos de la grey. Pero los perjuros no deberan cargar sobre los hombros ya bastante llagados del Pontfice, el peso de su abisal infidelidad. Si la balanza ha de tener dos platillos, que los tenga. Si ambos fallan, que se procure la enmienda cuanto antes, con energa y caridad. Pero nadie nos convencer de que para desenmascarar a los pastores canallas, necesaria, forzosa e ineluctablemente tenemos que echar las culpas al Papa.

Porque Cristo no tuvo la culpa de la artera apostasa de Judas. Y el mismo Cristo lo incorpor primero a la decena fundante del Cenculo, llamndolo "uno de vosotros" Mt 26,21; Me 14, Que cada quien cargue sus propias culpas, y ms le lluevan a quienes tienen potestad para el remedio pero aplican la enfermedad como regla. Es difcil que puedan establecer estas diferencias y estos matices ciertas almas toscas, para las cuales, como decimos, todo se reduce y se explica estableciendo que a partir de Po XII, la calamidad irredimible se apoder de la Iglesia.

Y que, por ende, todo se resolvera con un simple giro cronolgico y lineal. El Beato Francisco Pallau -una vida carmelitana y espaola al servicio de las virtudes cristianas en su obra Mis relaciones con la Iglesia, no vacila en descubrir las infidelidades y miserias de la Esposa, que fueron muchas -y en pleno siglo XIX!

Lo que queremos decir, ya sin rodeos, es que nunca le ser legitimo a un catlico criticar a su Madre y a su Padre, si no lo hace movido por amor extremo sino por pugilatos rencorosos.

Dios nos permita de lo primero y nos libre de lo segundo. No estamos solos en este mester de clereca, si as pudiera llamrselo; pero bien quisiramos que muchos de los tantos que empujan silentemente, se decidieran alguna vez a levantar el tono, a crispar el puo y mostrar la cara, amn de solidarizarse en la privacidad del dilogo fraterno. Al fin de cuentas, es de Jesucristo el consejo aqul: "cobrad animo y levantad la cabeza" Le.

Pero brota precisamente de ese intercambio amical de nimos y bros, la pregunta acerca del por qu ocuparse tanto en estas pginas de Monseor Bergoglio, cuando en rigor l no es ms que uno en su especie, y una repeticin casi clonada de otros tantos de anloga o peor y triste laya. El planteo ha de servir para una nueva aclaracin. En la Argentina de las ltimas dcadas -dejemos ahora, por un momento, la crisis de la Iglesia Universal y los anlisis de largusima data- no han abundado los obispos sobresalientes.

Tendramos un haz de nombres memorables para encomiar, pero no han sido la regla. Al da de hoy -ya acotando el diagnstico- los pastores de la patria parecen cortados todos por la misma tijera.

Est de ms decir que lo antedicho contiene una generalizacin abusiva, a fuerza de didctica; y est de ms decir que existen entre aquellos diferencias de talantes y talentos que sera injustificado omitir. Pero la malsana uniformizacin de los obispos existe, los identifica, los engloba, los embardurna, y ella toma las formas trgicas de varios y despreciables denominadores comunes.

Enunciemos algunos sin nimo de exhaustividad. Todos son polticamente correctos, concibiendo a la poltica en trminos modernos y revolucionarios. El programa de la Contrarrevolucin ha periclitado en sus enseanzas. Declarar la perversin ingnita del sistema democrtico, no existe siquiera como conjetura en el pensamiento nico que los domina. Reclamar la Reyeca Social de Jesucristo, les resulta una ofensa a su concepcin pluralista de las modernas sociedades.

Todos practican o aceptan con absoluta naturalidad el sincretismo plurireligioso, convencidos de que el Catolicismo es una opcin ms en paridad de ofertas para conformar al creyente. El axioma de que la Verdad tiene todos los derechos y el error ninguno tiene, ha desaparecido en el horizonte de sus magisterios. Todos tienen un temor servil a los poderes mundanos, y la contemporizacin o alianza con ellos es moneda corriente, querida y buscada.

Los grandes y endemoniados enemigos de la Cristiandad, el Judaismo y la Masonera, resultan ahora cordiales compaeros de rutas, cuyas recprocas y frecuentes visitas a los respectivos templos son exhibidas como la mxima prueba de madurez religiosa.

El combate contra la Sinagoga de Satans no ocupa papel alguno en sus idearios. La hereja judeo-cristiana es un hecho dramticamente consumado.

Todos son medrosos ante la aborrecible tirana liberal-marxista que hunde a la nacin. Consideran legtimas a las autoridades gubernativas en vigencia, y si alguna objecin circunstancial les deslizan, se insiste en dejar a salvo la permanencia de las instituciones democrticas. El deber de movilizarse contra un poder desptico que todo lo subvierte -considerando incluso la posibilidad de que tal movilizacin pueda y deba tomar las formas heroicas de las grandes contiendas, como la guerra cristera- no tiene la menor cabida en sus predicaciones.

Mencionrselo tan slo, puede hacerlos sobresaltar de pnico. Todos han adquirido una cosmovisin inmanentista y horizontalista que, adems de reconciliarlos con el mundo y su Prncipe, les facilita el irenismo que desean practicar para no ser tildados de arcaicos discriminadores.

El esfuerzo misionero por sacar al judo de su deicidio, al ateo de su condena, al protestante de su hereja, al agnstico de su confusin, a los evangelistas de su estupidez y a los cultores de falssimos credos de sus miserias, no tiene carta de ciudadana en el pas plural en que han decidido cmodamente vivir.

No hay hiptesis de conflictos con los adversarios seculares de la Verdad. Hay solidaridad, dilogo, consenso, inclusin y fluidas cuanto amables relaciones. No hay sapiencialiedad substancial en sus homilas o documentos pblicos; ni un lenguaje inequvoco y varonil, ni excomuniones a los malvados contumaces, ni perspectivas genuinamente sobrenaturales que pudieran lanzar gozosamente a los fieles al arrojo del buen combate. La guerra semntica los ha derrotado.

Son exponentes del bustrofedismo, como ya lo explicamos alguna vez tomando prestado un valioso trmino de Romano Amerio en su Iota Unum. Zigzaguean, ondulan, oscilan, van en busca casi desenfrenada de la elipsis, de la ambigedad y del circunloquio. Huyen de las palabras irrevocables, que se sostienen con el cuerpo y con la sangre. Definir y condenar son verbos que ya no se conjugan. Excepto, claro, cuando tienen que referirse a nosotros, los perros.

Todos son de cultura teolgica escasa, de insuficiente anclaje en la Filosofa Perenne, de formacin manualstica ajena a los grandes textos nutricios del viejo tronco de la Tradicin; y de un prosasmo verbal o escrito que ha renunciado a contemplar y a acercarse a Dios bajo el nombre de Belleza Suprema. En la liturgia populachera con guturalidades y ondulaciones, se sienten a sus anchas.

Prefieren administrar el Orden Sagrado en estadios deportivos sudorosos antes que en las grandes baslicas amanecidas de cirios. Entre la juventud adocenada, masificada y sin recta doctrina, encuentran sus interlocutores vlidos. El pulchrum no suele habitar en el gnero homiltico que habitualmente practican. Todos son, al fin, hurfanos ignorantes y miedosos de la necesaria visin parusaca de los tiempos.

No hay Anticristo, ni Segunda Venida, ni necesidad de penitencia y de conversin, ni batalla postrimera entre la Mujer y el Dragn. Los males de la sociedad -algunos nunca vistos antes, de tan prostituyentes y demoledores- se explican sociolgicamente, y la sensata conviccin de que Dios castiga, y al que hay que cesar de ultrajar para detener su santa ira, sera tomada por una amenaza inadmisible a los derechos del hombre.

Si Cristo no vuelve, no necesitamos a los veraces profetas de las calamidades postrimeras y de la verdadera esperanza que Su Regreso justiciero contiene. Nos basta con un Cristo tierno y dulzn, cuyo ltigo lanzado en ardiente volea contra los malditos mercaderes, ha sido trocado por el signo de la paz intraterrena y naturalista.

Pues bien; estos y tantos otros comunes denominadores de la apostasa, homogeneizan hoy al grueso de nuestros pastores. Por qu, entonces, Bergoglio, decamos antes?

Por nada personal, quede en claro de una vez. Por ninguna cuestin privada pendiente, disipemos ya esta inverosmil versin.

Dragon Ball Nº 11/34 8468470449 Cómo Descargar Gratis el Libro ePub y PDF

Ni siquiera por el valor simblico del que goza hoy su figura en amplios sectores del catolicismo mistongo e indocto. Simplemente por el motivo que todos conocen, y es su condicin de Cardenal Primado de la Argentina y Arzobispo de Buenos Aires, que es la capital de la Nacin. Bergoglio est hoy en el lugar de la cabeza, del eje, de la conduccin, del norte impuesto a la Barca en estas speras y desangeladas orillas argentas; y est incluso en esa nmina potencial de papabiles que gustan elaborar los que no creen en el Espritu Santo.

En carcter de tal, sin embargo, no trepida en incurrir en todos y en cada uno de esos nefastos denominadores comunes que hemos sealado. Sin excluir escandalosos y provocativos gestos, como el connubio con rabinos favorabes a la sodoma, el homenaje a uno de los capellanes de Montoneros, Padre Mujica; la pleitesa a una mutual sionista de explcito y agresivo itinerario anticristiano y antiargentino, o la entrega del premio Juntos Educar, el 8 de septiembre de , a un personero del mundialismo masnico, como Bernardo Klisberg, a un dirigente socialista como Norberto La Porta, o a un idelogo vinculado al Instituto Nacional contra la Discriminacin, la Xenofobia y el Racismo INADI -esto es, a la principal usina local de la cultura de la muerte- como Carlos Erles, acompaado para tal ocasin de un convicto y confeso judeo-marxista como Daniel Filmus, entonces Ministro de Educacin.

Sin olvidarnos, antes bien subrayndolo, de aquella patochada tragicmica de hacerse bendecir e imponer las manos pblicamente por una comparsa de evanglicos, carismticos y pentecostalistas, como sucedi en junio del ao , en el Luna Park, a la vista de todos.

Que un descendiente de los Apstoles en quien se supone mora la plenitud del Espritu Santificante y el poder de comunicarlo; que un Prncipe de la Iglesia cuya gracia de estado no necesita complementos exotricos y espurios, se rebaje impamente a aceptar esta ceremonia como si a su estado sacramental faltara algo, no comete slo una parodia plurireligiosa sino un claro y condenable sacrilegio.

De all la pregunta y la respuesta consiguiente contenida en este acpite. De la Iglesia de Prgamo, de la que dice el Apocalipsis que "ha abrazado la doctrina de Balaam, el que enseaba a Balac a dar escndalo a los hijos de Israel, para que comiesen de los sacrificios de los dolos y cometiesen fornicacin" Apo. II, Fornicacin -glosa con maestra Monseor Straubinger-"aplicada aqu en sentido religioso, como fornicacin espiritual, que es con los poderosos de la tierra; es decir, a la que vive en infiel maridaje con el mundo, olvidando su destino celestial y la fugacidad de su trnsito por la peregrinacin de este siglo".

Volvemos al interrogante anterior: qu Iglesia preside Monseor Bergoglio?. Ojal fueras fro o hirviente! As, porque eres tibio, y ni hirviente ni fro, voy a vomitarte de mi boca" Apo. III, Fue Po XII, en la Summi Pontificatus n 4 , el que sostuvo que estas dursimas admoniciones del Apocalipsis podran aplicarse a nuestra poca, con su "vaco interior tan crecido y su indigencia espiritual tan ntima".

Por lo dems, ya sabe el lector advertido, que exgetas de vala han hecho similar aplicabilidad de Laodicea a la presente y patente Iglesia, en la que el humo de Satans parece haber entrado en ella, segn clebre confesin del mismo Paulo VI.

Y no deberamos desechar tampoco -en orden a inteligir mejor lo que estamos diciendo- que en el memorable y dramtico guin para el Via Crucis del ao , elaborado por el Cardenal Ratzinger poco antes de su elevacin al trono de Pedro, dirigi su plegaria al Altsimo, diciendo: "Seor, a menudo tu Iglesia, nos parece un barco que est por hundirse, un barco que hace aguas por todas partes".

Un discorso da fare, crey conveniente acotar que, hasta el mismo Juan Pablo II, "no obstante todo su optimismo conciliar" sic , haba constatado "un estado de apostasa silenciosa" recorriendo los meandros de la Esposa de Cristo. Si Bergoglio no ha perdido an enteramente su mirada sobrenatural, l mismo la predic alguna vez, en el ao , en sus Meditaciones para religiosos, hablando de quien ejerce la autoridad como "un hombre ad aedificationem" lejos de encolerizarse por esta adscripcin que le hacemos a las Iglesias de Prgamo y de Laodicea, debera hallar en los mismos textos revelados el camino a seguir.

En efecto, a la Iglesia de Prgamo, Dios le dice: "Arrepintete, pues que si no vengo a ti presto, y pelear contra ellos con la espada de mi boca" Apo. Y ms tarde a la de Laodicea: "Ten, pues, ardor y convirtete. Mira que estoy a la puerta y golpeo Apo. No somos nosotros, simples laicos de a pie y carentes del ms mnimo poder temporal, quien se lo decimos.Con frecuencia las personas consideran que las crisis son negativas.

El Santo Padre no debera ni nombrar ni conservar en sus cargos episcopales a reconocidos malaventurados. El gran converso ingls, aludiendo expresamente y a modo de ejemplo, al papel desempeado por los laicos en la batalla contra el arrianismo, mientras la Jerarqua claudicaba, no trepid en llamar heroica a esa conducta laical aguerrida y lcida.

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Si hubieran sido de los nuestros se habran quedado con nosotros.

EVONNE from Los Angeles
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